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Seminublada estaba la atmósfera de esta parte del mundo y de esta parte del país de esta provincia en esta ciudad
pero mi corazón estaba soleado por los rayos del perdón.
Pienso...luego existo...
¡Esa es la razón!
¡Existo, estoy vivo por lo tanto fui creado!
Creado para andar caminando por el mundo abrazándome con mis Hermanos viviendo sus dichas y desdichas...
Ahí no mas avasallado por la energía poseída tomo el marinero al cual inflo con mis necesidades sujeto mi mano izquierda y me arrastro a la ruta a viajar por mis dedos pero,
antes me digo, hacia donde oriento la brújula... para que no haya problemas le guiño el ojo en la posición en que se encuentra y hacia sus rumbos voy;
me señalaba el norte con el sinónimo de Cerro Colorado.
Solo en persona concreta me encontraba acompañado por un alquitranoso destino, la naturaleza, la respiración de Dios que movía los andenes de la estación de trenes abandonada por la desidia de una locomotora que tiraba los vagones descarrilados de mis sentimientos y guiaban a la zorra enloquecida en las vías de mis pensamientos.
Llego a mi destino de tierra sonrojada por la vergüenza de una timidez olvidada, repleta de nobleza pura entregada a los mas abandonados sentimientos,
perros que dormían a la calle en lo más profundo de la siesta con el ronquido de las loras que en coro me daban la bienvenida, algún pueblerino sacaba de su bolsillo un caserito no recordado por nadie en la mañana hoy al divisar el vacío encontrado en mi estómago.
Pasando por el almacén, la sed, con su deseo por beber, me abre las puertas entre sombras y
la humedad de un piso de tierra recién regado y barrido con lo último de los primeros pelos de la escoba que pensaba en un entretejido. Me siento en un banquito arañado por el tiempo pidiéndole al bolichero permiso para bañarme en una helada Esperidina que calmaría mi ansiosa sed y ésta, entregaría su relajación a mi cuerpo que en paz seguiría el camino, del camino despechado extendido bajo la insolación y deshidratación que encuentra su cura en el poblado de Rayo Cortado; pero yo, apenas paso el cementerio entro al oeste y en medio de la sequía y la resistencia de los espinillos que hacían de custodios de una ermitaña que recostaba su adobe en un terreno yermo desnuda como una prostituta que a todos le permitía la entrada y con su rubia y sucia cabellera ofrecía la protección para pasar la noche, pudiendo convencerme a que, no sé por cuanto le hiciera compañía junto a un viejo y desvencijado catre y una mesa de chuecas patas con dos chusmas que ofrecían su asiento, dos plato y dos vasos con los relatos de Don Atahualpa.
Me quedo dormido y en sueños se enciende una luz y su interior toma vida con bohemio sentado a la mesa bebiendo un vaso de vino, que al darse cuenta que lo observo perplejo
me pregunta ¿tú eres de esos seres que luchan por la supervivencia urbana?
Tags: poesía, ensayos, escritos, tesis, biografía, corrección de texto, genealogía