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Sentándome a la mesa de los sueños el gentil hombre me sirve medio vaso de vino;
toma su vaso, lo eleva ascendiendo a la eternidad y me dice:
demos gracia y brindemos por el átomo que engendra a la partícula de la creación.
Hago lo mismo con la sensación que el vaso solo levitaba entregándome el líquido a ingerir silenciosamente con un contenido que no reducía su capacidad... no entendía nada, pero estaba posesionado degustando el sabroso paladar de la uva cuando de mi estómago se pronuncia una suave voz preguntando que vino era. El gentil me mira a los ojos, teniendo yo que cerrarlos ya que no resistía su profundidad, diciéndome:
lo que bebes es el jugo de mi sangre derramado por todos vosotros...
no entiendo, le digo, claro que no entiendes si estas viviendo en el mar de la desconfianza, del descreimiento y del cuestionado pensamiento que hace al razonamiento de todo hombre que oculta sus sentimientos, por lo tanto...no ve.
Yo soy el Cristo.
Discúlpame pero me cuesta creer que tú, si eres el Cristo, te hayas presentado en medio de la nada y cuando no te necesito, después de tantas veces que te he llamado en lo más profundo de la necesidad... tú nunca te has presentado, ni te has hecho sentir.
Discúlpame pero, esto es un sueño, no es realidad... yo el intelectual hablando en sueños con un loco... vaaa...
Tú eres morocho, con la fisonomía de un moro, semirrapado y con una renegrida barba imantada a la escultura del rostro...¡ mírate! si tienes los ojos negros como la profundidad del precipicio que hace unos instantes me hizo sentir un mareo que no quiso mirarte.
Yo soy el Hombre
y el Hombre no tiene, no tiene un rostro
no tiene un color, una forma.
El Hombre es la imagen y semejanza de Dios el Padre
que ha sufrido las mutaciones necesarias a cada necesidad.
Yo soy la Palabra de Dios que se está pronunciando
y tú eres la Poesía que usará esta Palabra.
Si no crees en la Palabra traída por mí
como puedes pretender que crean en tú palabra, que crean en ti.
Y, la verdad, me dije, tiene razón el tipito éste.
Yo busco y trato que crean en mi palabra pero yo no creo en la de él,
no creo en esta manifestación o no quiero creer ya que, lo demostrado hasta ahora ningún humano lo puede hacer... ¿será un arlequín o un mago?... o un fantasma porque de la forma que se presentó es algo que no entra en la razón de la persona más inteligente pero sí, en la más incrédula.
Ahora bien... si yo digo creer en Cristo, debo aceptar esta revelación, porque los únicos que no aceptarían esta presencia serían los que científicos o los intelectuales o los políticos que piensan sin sentimiento; y yo soy la Poesía y la Poesía se siente y se escribe con sentimiento.
Se presentó en mí la duda y, la duda genera el miedo y, el miedo no deja vivir ya que éste intrépido destruye desde el momento que deja de creer uno, en uno mismo y al dejar de creer en uno mismo deja de tener Fe en la Creación, deja uno de afirmarse
en la convicción del poder hacer...
Sólo deja de Creer...
Pero... tú estas repitiendo en voz alta mi pensamiento...
entonces... ¡Tú eres
el Cristo!
Y yo quería que creyeran en mi palabra
cuando yo no creía en la Palabra de El,
y necesitaba ver más manifestaciones para Creer, y así dejar de dudar.
¿Dónde está le Fe que decía tener? ¿Dónde está esa adarga protectora que decía tener?
¡Sí esa que me protegía de la duda y del temor porque creyendo en El nada me podía pasar ni nada me podía faltar!
Señor ante Ti me arrodillo, beso tus pies y te imploro confesión.
Señor perdona mis pecados y llévame a la Vida Eterna.
Todo así es y así lo creo.